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El maestro infantil del siglo XXI debe modernizarse y adaptarse

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Es algo que sabe cualquier profesional con formación en educación infantil: es una labor que va mucho más allá de trabajar en colegios. La planificación del curso, creación y adaptación de los contenidos y atención al alumno requiere una atención y mejora constante.

Y el educador infantil nunca debe dejar de formarse y adaptarse a los nuevos tiempos. El cambio en las tecnologías, demografía y la propia sociedad exige nuevas formas de plantear la educación. El siglo XXI trae sus propios retos, y debe existir la voluntad de adaptarse a ellos.

En los nuevos escenarios, la relación con la tecnología es algo que es imprescindible trabajar en colegios. Los alumnos jóvenes son nativos digitales, pero es necesario que les enseñe a utilizar todas las herramientas de la red en su justo contexto. Es necesario enseñar a familiarizarse con todo lo digital, pero también entenderla en un contexto moral y emocional. Las nuevas tecnologías han de combinarse con una educación emocional apropiada.

Precisamente algo que posibilita las nuevas tecnologías es el refuerzo de la creatividad. Muchos expertos coinciden en que debe reforzarse la capacidad de creación, en todos los ámbitos. Es necesario que los niños tengan menos control en las actividades y más empoderamiento. El alumno nace siendo creativo: la formación profesional de educación infantil debe insistir en reforzar esa creatividad de una manera única para cada pequeño.

Por ello, se debe prestar atención a los intereses que muestre, y buscar maneras de amplificar esa creatividad y esos intereses, para buscar que aprenda unas capacidades que le sean útiles y le sirvan en su formación como ser humano.  Que el “feedback” que nos otorga el niño forme parte activa de su educación, emitiendo un refuerzo positivo con respecto a sus aptitudes e intereses.

En el siglo XXI también se debe buscar una mayor inclusión social para todo tipo de alumnos. Y de familias: existen una gran variedad de unidades familiares y estas deben tratarse de igual forma, buscando aumentar la comunicación entre padres, hijos, profesores y responsables del centro. A la hora de trabajar en colegios, hay que reforzar los canales: nos llevarán a una mayor comprensión del alumno, una mayor adaptabilidad a sus necesidades y una mayor creatividad y eficiencia en las actividades.

Y por supuesto, es necesario estimular el “pensamiento lateral” en la propia formación profesional de educación infantil. Conseguir crear nuevos ámbitos educativos, nuevas maneras de enseñar y educar a los niños, y que nuestra evaluación sea flexible y adaptada al propio pequeño.

La labor del educador infantil, por tanto, tiene que incluir el adaptarse, aprender y trabajar para conseguir nuevos estímulos tanto para el alumno como para el maestro: la labor de aprendizaje nunca termina, y enseñando y educando al niño, también seguimos aprendiendo y mejorando los adultos.

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Publicado en: Blog, Educación infantil

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