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Aprender jugando: el educador infantil y la psicomotricidad

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Para un maestro infantil, el juego y el ejercicio es una herramienta más para formar y educar al pequeño. Es más: el trabajo psicomotor es uno de los aspectos más divertidos tanto para alumno como para el adulto, y está cobrando cada vez más importancia en planes educativos y en la teoría de muchos expertos y técnicos en educación infantil.

Un buen ejemplo son algunas de las medidas propuestas en el Encuentro de Educación Infantil de Salobreña, uno de los foros más importantes de nuestro país que alcanza ya su 18ª edición. Allí, el desarrollo de la psicomotrocidad has sido uno de los puntos claves en las ponencias, charlas y talleres allí expuestos.

La psicomotricidad en niños de cero a seis años es fundamental

El desarrollo psicomotor en los niños de cero a seis años es algo fundamental: la atención al movimiento hace mejorar la coordinación, y así, el propio conocimiento. Tradicionalmente, se estudia el desarrollo psicomotor en 4 grandes etapas.

– Diálogo tónico-postural: el bebe realiza movimientos

– Etapa sensorio-motora: explora los objetos

– Etapa perceptivo-motora: el eje corporal se ha completado y el espacio de los objetos adquiere categoría de estructura

– Etapa de la proyección simbólica o representación: cuando ya conoce su cuerpo, el espacio.

Durante los primeros años de vida, la interacción con el medio es un factor crucial en la educación del niño. Su desarrollo motor y mental van cogidos de la mano, y a través del movimiento, la manipulación de objetos y la percepción, el niño aprende, construye su propio conocimiento y su relación con el espacio.

Esta es una de las actividades más divertidas para muchos de los niños. En los primeros años, algunos de los juegos propuestos por el maestro infantil pueden ser…

  • Poner obstáculos pequeños por el suelo e incitar al niño a que los pise para que aprenda a caminar sobre distintas superficies.

 

  • Jugar a la pelota: chutarla y pasarla con las manos de forma que tenga que perseguirla para alcanzarla. Animar al alumno a devolverla, ahora ya con mayor perfección que en etapas anteriores.

 

  • Si el niño está sentado en el suelo, podéis darle una pelota o un globo para que los tire dentro de un cesto.
  • Dadle una escoba para que juegue imaginando que es un caballito.

 

  • Invitar al pequeño a recoger los juguetes del suelo agachándose y sin soltar la mano del educador.

 

  • Enseñarle a subir escaleras y a bajarlas apoyando los dos pies en el mismo escalón.

 

Cuando el alumno crece, se puede incitar el juego con los otros alumnos: desde comenzar con deportes sencillos a juegos por equipos. Jugar a la gallinita ciega, al escondite inglés, o desarrollar diferentes actividades para que los alumnos jueguen unidos en clase suponen una actividad completa y que disfrutarán especialmente. Por supuesto, los ejercicios más apropiados serán determinados por el maestro infantil, en función de las necesidades de cada niño

 

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Publicado en: Blog

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